La pregunta no es realmente teórica — surge cuando la cuenta bancaria se vacía demasiado rápido, cuando las noches se acortan por un hijo, cuando te sientes como un expediente más en un sistema que no te ve. ¿Se preocupa realmente Dios de mí — no de la humanidad en general, sino de mí, con mi nombre, mi cansancio, mi factura que llega el viernes?
Jesús no responde con una promesa de riqueza. Señala un gorrión. Si el Padre alimenta a lo que no siembra, ¿qué no hará por un hijo, por una hija? No tienes que ganarte su atención siendo productivo o merecedor: la tienes porque eres suyo. La preocupación no es un pecado — es una invitación a recordar quién cuida de ti.
«Mirad las aves del cielo, que no siembran, ni siegan, ni recogen en graneros; y vuestro Padre celestial las alimenta. ¿No valéis vosotros mucho más que ellas?»
Mateo 6:26