Tus miedos no son absurdos. El mundo está atravesado por riesgos reales — una llamada que trae malas noticias, un camino peligroso, un encuentro que se tuerce. La protección que Dios promete no es un escudo mágico que te librara de toda prueba — ni siquiera lo fue para su propio Hijo.
Es una protección diferente: un refugio, un lugar donde tu alma descansa aunque tus circunstancias tiemblen. Hay cosas que pueden alcanzarte exteriormente; hay otras, más profundas, que él guarda mientras tú permaneces en él.
«El que habita al abrigo del Altísimo morará bajo la sombra del Omnipotente. Diré yo a Jehová: Esperanza mía, y castillo mío; mi Dios, en quien confiaré.»
Salmo 91:1-2