Muchos cristianos viven su fe como un departamento de su vida — una mañana de domingo, una oración por la noche, un compartimiento moral separado. Pero Pablo no describe eso. Describe una vida atravesada — donde Cristo no solo pasa de visita, sino que habita. Tu vida profesional, tus relaciones, tu cuerpo, la manera en que atraviesas un conflicto o un día difícil: nada está excluido de esta presencia.
Esto no te pide que te vuelvas religioso en todo — te pide que te dejes habitar en todo. Lo que haces, puedes hacerlo con él; lo que cargas, puedes cargarlo con él. Toda tu vida es el lugar donde él ahora vive.
«Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí.»
Gálatas 2:20