Hay una infelicidad que no tiene nombre claro — no es exactamente una pérdida, ni exactamente una enfermedad, ni exactamente un fracaso. Es simplemente un corazón roto, un espíritu aplastado, una tristeza que habita. Y en ese momento puede parecer que Dios está lejos, en lo alto, inaccesible a los que están abajo.
El Salmo da vuelta esta intuición. Cercano está Jehová a los quebrantados de corazón. No a los fuertes, no a los que tienen sus emociones bajo control — sino a los que están rotos. La cercanía de Dios se inclina hacia los contritos. No tienes que reconstituirte para que él se acerque. Es precisamente en tu quebranto donde él ya está.
«Cercano está Jehová a los quebrantados de corazón; Y salva a los contritos de espíritu.»
Salmo 34:18