La enfermedad reduce el mundo. Las paredes se acercan, el tiempo se alarga, la energía abandona. Y en esa contracción puede instalarse un pensamiento inquietante: ¿Dónde está Dios en todo esto? El Salmo responde con una imagen sorprendente: Dios no está lejos, mirando desde lo alto — está junto al lecho, sosteniendo, mullendo la cama.
La palabra hebrea utilizada aquí implica una presencia activa y atenta. Jehová lo sustentará. No abandonará. No esperará a que te recuperes para acercarse. Es precisamente en la fragilidad de la enfermedad donde su fidelidad se hace más tangible — no siempre con la curación inmediata, pero siempre con una presencia que sostiene lo que tú ya no puedes sostener.
«Jehová lo sustentará sobre el lecho del dolor; Mullirás toda su cama en su enfermedad.»
Salmo 41:3