La impaciencia tiene su lógica: cuanto más tiempo pasa sin respuesta, más parece que la respuesta no vendrá. Jeremías escribe estas palabras en medio de la ruina de Jerusalén — no desde un sillón cómodo. Y sin embargo dice: bueno es esperar. No como resignación pasiva, sino como acto de confianza activa en el que tiene el control del tiempo.
Esperar no es perder el tiempo. Es aprender a confiar en el que actúa cuando no vemos nada. La impaciencia olvida que Dios trabaja en lo invisible, que sus tiempos no son los nuestros, que lo que tarda no está perdido. El alma que le busca — no la que espera en la distancia, sino la que le busca activamente — encontrará que él es bueno.
«Bueno es Jehová a los que en él esperan, al alma que le busca. Bueno es esperar en silencio la salvación de Jehová.»
Lamentaciones 3:25-26