Hay una frustración particular en verse repetir los mismos comportamientos que uno quisiera cambiar — las mismas reacciones, los mismos patrones, las mismas palabras que uno prometió no volver a decir. La voluntad parece a veces impotente frente a sus propios automatismos. Y sin embargo, Pablo dice algo que cambia la perspectiva: Dios mismo actúa por dentro.
No solo produce el poder de hacer — produce también el querer. Es decir: el mismo deseo de cambiar que sientes ya es obra de su gracia en ti. No estás solo frente a tus comportamientos. Lo que en ti quiere mejorar, crecer, obedecer — eso también viene de él. Y lo que él comienza, lo lleva a cabo.
«porque Dios es el que en vosotros produce así el querer como el hacer, por su buena voluntad.»
Filipenses 2:13