Hay momentos en que la tentación parece mayor que nosotros — más fuerte, más persistente, más hábil. Pablo recuerda algo que el pánico hace olvidar: ninguna tentación te ha sobrevenido que no sea humana. Es decir: otros antes que tú han estado ahí. Han resistido. Y tú también puedes.
Pero la promesa va más lejos todavía: Dios no solo regula la intensidad de la prueba — también prepara activamente una salida. No tienes que aguantar con los dientes apretados hasta que pase. Dará también juntamente con la tentación la salida. En cada tentación hay una puerta. Él la conoce. Y la guarda para ti.
«No os ha sobrevenido ninguna tentación que no sea humana; pero fiel es Dios, que no os dejará ser tentados más de lo que podéis resistir, sino que dará también juntamente con la tentación la salida, para que podáis soportar.»
1 Corintios 10:13