Hay temporadas en las que la fidelidad de Dios parece evidente: una oración respondida, una puerta abierta, una paz recuperada. Y luego vienen las otras — un proyecto que se derrumba, alguien cercano que defrauda, una salud que flaquea, y la pregunta regresa, sorda y persistente: ¿sigue ahí, sigue cumpliendo su palabra?
El poeta de las Lamentaciones escribió estas líneas en el corazón de una ciudad en ruinas, no en una mañana tranquila. Su respuesta no es una explicación, es una declaración serena: cada mañana, sus misericordias son nuevas. La fidelidad de Dios no es un clima constante — es una reserva que se renueva cada día. No tienes que rogar por la porción de ayer. Puedes levantarte y contar con la de hoy.
«Por la misericordia de Jehová no hemos sido consumidos, porque nunca decayeron sus misericordias. Nuevas son cada mañana; grande es tu fidelidad.»
Lamentaciones 3:22-23