No necesitas creer en las imágenes medievales del diablo para encontrar el mal que a veces parece organizado contra nosotros. Un pensamiento que vuelve siempre a ensuciar, una tentación que aparece siempre en el peor momento, un susurro que dice «no lo lograrás» — algo está pasando que nos supera.
Santiago propone una coreografía en dos tiempos: someteos a Dios primero, resistid al diablo después. El orden importa. No combates solo, combates apoyándote en Otro. Y la promesa es clara: huirá. No solo tú huirás de la tentación — él huye de ti. Es él quien es débil cuando tú te mantienes con el que es fuerte.
«Someteos, pues, a Dios; resistid al diablo, y huirá de vosotros.»
Santiago 4:7