Probablemente hayas conocido la experiencia de una oración que parecía quedarse sin respuesta. Pediste durante mucho tiempo, y nada ocurrió. La promesa de Jesús parece entonces inquietante. Sin embargo adquiere otro relieve cuando entendemos que Dios siempre responde, pero no siempre con un sí, ni siempre de inmediato.
A veces su respuesta es un no que más tarde entenderemos como un regalo. A veces un todavía no que nos hace crecer antes de abrirse. A veces un de otra manera que supera con creces lo que pedíamos. La oración no es un pedido que hacemos; es una conversación en la que aprendes a conocer al que te escucha — y que te conoce, él mismo, mejor que tú.
«Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá. Porque todo aquel que pide, recibe; y el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá.»
Mateo 7:7-8