La angustia tiene esta característica inquietante: cuanto más tratas de dominarla, más se afirma. «Por nada estéis afanosos» no es un consejo de gestión del estrés — es una invitación a soltar lo que tienes en las manos y ponerlo en otras manos. Sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios — incluso las que te parecen demasiado pequeñas, o demasiado grandes, o demasiado imposibles.
La promesa que sigue es notable: no dice que la situación cambiará, sino que la paz de Dios guardará tu corazón. Como un centinela. Como una muralla. Esta paz no es la ausencia de problemas — es una presencia que guarda el corazón cuando el corazón ya no puede guardarse a sí mismo.
«Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús.»
Filipenses 4:6-7