Cuando nos hacen mal, el instinto es claro: devolver el golpe. Pero Pablo ve lo que el instinto no ve — devolver mal por mal es ser vencido por él. El otro te hirió una vez; al replicar, le dejas que te cambie.
«No seas vencido de lo malo.» Es cuestión de victoria, no solo de moral. El mal gana cuando te hace semejante a él.
«No seas vencido de lo malo, sino vence con el bien el mal.»
Romanos 12:21
La única respuesta que de verdad desarma es un bien donde se esperaba una revancha. Desconcierta, abre una brecha, deja a veces entreabierta la puerta del arrepentimiento.
No es debilidad — hace falta mucha más fuerza para bendecir que para devolver el golpe. Es la fuerza de Aquel que, clavado, oraba por sus verdugos.