Esta frase de Jesús — que no aparece en los evangelios pero que Pablo cita como una palabra conocida del Señor — va a contracorriente del instinto natural. Preferimos recibir antes que dar, conservar antes que soltar. La generosidad, cuando se practica, puede parecer una pérdida. Y sin embargo Jesús la llama bienaventuranza — es decir, la forma más auténtica de florecer.
La generosidad no es una virtud heroica para los que tienen mucho. Es para todo el mundo — y comienza en lo pequeño: el tiempo prestado, la palabra amable, el gesto discreto que no espera retorno. Dar es una liberación tranquila, un ajuste al verdadero sentido de la vida. El que da no pierde — se parece un poco más al Padre, que dio su propio Hijo.
«…recordando las palabras del Señor Jesús, que dijo: Más bienaventurado es dar que recibir.»
Hechos 20:35