Fíjate en lo que la Palabra no es: un reflector que inunda todo el horizonte. Es una lámpara — a mis pies. Alumbra el próximo paso, no los diez kilómetros siguientes.
Puede decepcionar al que quiere verlo todo de antemano. Pero es gracia: si vieras todo el camino, ya no necesitarías caminar con él. La lámpara te mantiene cerca del que lleva la luz.
«Lámpara es a mis pies tu palabra, y lumbrera a mi camino.»
Salmo 119:105
En tiempos del salmista, se caminaba de noche con una pequeña lámpara de aceite atada cerca del pie. Solo mostraba el paso siguiente — pero bastaba para no caer.
No necesitas conocer toda tu vida esta noche. Necesitas luz suficiente para el próximo paso. Abre la Palabra: alumbra justo lo necesario.