La obediencia tiene mala reputación. Evoca la sumisión forzada, la regla impuesta, el yugo que aplasta. Pero Jesús la formula de otra manera: «Si me amáis.» No: si me teméis. No: si queréis ser aceptados. Si me amáis. La obediencia que pide es el resultado de una relación, no su condición previa.
Cuando se ama a alguien de verdad, se quiere hacer lo que le agrada — no por obligación sino por deseo. La obediencia que Jesús pide no es una disciplina forzada; es la forma que toma el amor cuando es sincero. Y esto cambia todo: ya no se trata de cumplir una lista, sino de responder a una persona.
«Si me amáis, guardad mis mandamientos.»
Juan 14:15